Esto es lo más parecido a nuestra ‘rutina’ diaria:
Nos despertamos en la furgo, hechamos un vistazo afuera, la mar ruge, solitaria.
Desayunamos, alternando mueslis y la especialidad de la casa: tostadas con peanut butter y mermelada de frambuesa.
Alex se pone el bañador,encera la tabla y sale disparado. Ya está en el agua. Mientras, Julia se lo toma con calma y se estira en la playa. A ratos duerme, y a otros vacila un poco antes de remojarse.
Ayer unos pescadores en Arrawarra cogieron un tiburón y nos cortan unos pedazos para el dia siguiente. Nos los preparamos en la barbacoa de algún parque acompañado de una calabaza que comparmos en el mercado.
Vamos a dar una vuelta por algún parque natural, vemos cuatro canguros y cuatro cascadas, compartimos el silencio con la selva. Se hace tarde, vamos a buscar el sitio donde pasaremos la noche siguiente.
Llegamos a algún sitio donde podamos estar sin que nadie nos moleste. Siempre evitando las ciudades, intentamos movernos por pueblecitos costeros rodeados de reservas naturales.
Hechamos un vistazo a la playa. Si tenemos tiempo y si Alex está desesperado vamos a la playa de nuevo y surfea un rato. Sino, pasamos la tarde a las orillas de algún lago mientras escribimos en nuestros diarios lo que queramos recordar.
Preguntamos a los locales si conocen algun lugar donde podamos dormir. Nos dicen que en cualquier lado, aqui no llega la polícia, esto está demasiado aislado. Nos invitan a compartir nuestra historia con ellos. Nos sentamos y disfrutamos del atardecer, su humilde compañia y una cerveza en la mano.
Volvemos a la furgoneta. Cenamos. Quizás pasta.
Nos estiramos, vemos una pelicula, leemos o difrutamos de las estrellas.
Celebramos que aún nos queda la mitad del viaje por delante, hemos pasado el ecuador, más de dos meses perdiendo el norte, nunca habiamos estado tan al sur.
Alex y Júlia